Polo de limón

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Antes de dar el salto a Hollywood y fundar la mítica productora Cannon, el dúo Golan-Globus fue responsable, junto al director Boaz Davidson, del mayor taquillazo en la historia del cine israelí. Fue tal el éxito de Polo de limón (1978) que no tardaron en llegar las secuelas —casi una decena, sin contar un spin off y un remake—. Su influencia en posteriores teen movies la convierten en todo un clásico del género.

Lo primero que hay que resaltar de Polo de limón es su condición de exploit. Es innegable que Golan y Globus querían su American Graffiti, pues, al igual que en el film de George Lucas, se narra la historia de un grupo de adolescentes en un espacio ambientado entre finales de los años 50 y primeros 60. Esa condición no le resta originalidad con respecto a su molde; de hecho, es mucho más gamberra y menos remilgada: en ella aparecen ladillas, tetas, prostitutas o ninfómanas, por poner un ejemplo, asuntos todos ellos que son abordados en un tono algo machista y reaccionario, dicho sea de paso. También hay que tener en cuenta las muy distintas pretensiones de una y otra: en American Graffiti se quiere retratar una generación, en cambio, Polo de limón solo pretende que el espectador se divierta con sus escenas subidas de tono. No hay reflejo de nada, de hecho, entramos aquí en un detalle más que llamativo: la ambientación. ¿Alguien piensa que en el militarizado estado de Israel, con apenas una década desde su fundación, hacer el servicio militar era tan divertido como en Polo de limón 4? Ni por asomo, aunque cuesta caer en estos anacronismos cuando muchas de sus disparatadas situaciones resultan más inverosímiles.

Pero a la vez que sigue un modelo, el film israelí también crea otro —aquí ya se podría debatir si fue intencionadamente o no—. De ese humor sucio y gamberro que lo caracteriza, en el que el sexo destaca por encima de todos los objetivos de sus personajes, se nutrirá otra mítica saga del cine adolescente: Porky’s, clara deudora del film de Davidson y, sin duda, mucho más influyente en posteriores comedias adolescentes. Lo que nadie puede negarle a Polo de limón es el estatus de clásico del género y de ser precursora del cine sobre adolescentes salidos.

Dejando ya de lado las comparaciones, Polo de limón es prácticamente una sucesión de escenas, sin nexo ni evolución aparente en ellas, sobre las aventuras y desventuras sexuales de tres jóvenes amigos. El humor desmadrado es el protagonista de estas situaciones, en el que los desnudos y los encuentros lujuriosos con final a lo Benny Hill son el reclamo principal. Lo que une a todos estos sketches, pues estructuralmente lo son, es la trama principal. Ese hilo argumental que da cohesión a la película se encuentra en la historia de amor de Benji (Yftach Katzur), un personaje con un carácter peculiar, pues ese amor al que aspira, en apariencia tan puro —y tan de pagafantas—, choca con las juergas que se corre en compañía de sus colegas Huey y Bobby, dos personajes totalmente estereotipados, aunque entrañables: el primero, interpretado por el mítico Zachi Noy, es el típico chico gordo que siempre aporta el punto desternillante en la escena —esto será un recurso habitual en las secuelas, como se verá después—; el segundo (Jonathan Sagall, a quien podemos ver en La lista de Schindler), es el guaperas, el primero en «meterla» siempre. Benji, aparte del chico enamoradizo de la pandilla, será quien tenga siempre un rol más protagonista en la saga.

Volviendo a lo antes comentado, la trama principal de Polo de limón es una historia romántica, dramática por momentos, en la que Bobby y Benji aspiran a conseguir a la misma chica, de nombre Niki. Sin pretender spoilear demasiado, aparte del conflicto entre los dos colegas, este embrollo amoroso servirá para que se aborde en la película un tema tan poco habitual en el cine de entonces como es el aborto; y no lo hace por encima, sino que incluso hay un fondo moralizante en el momento: la escena en la que Niki (Anat Atzmon) se encuentra en el quirófano, refleja lo humillante que se supone debe ser pasar por un trance de estas características —o eso es lo que sus creadores, desde una perspectiva machista, quieren que el espectador crea—. Pero sin duda el momento más logrado es el final, sorprendente por su tristeza y originalidad, algo que choca con los finales felices, o como mucho nostálgicos, de películas posteriores del género como American Pie o Road Trip —incluso las secuelas de Polo de limón serán más happys—. Y nada más acertado que Bobby Pinton y su «Mr. Lonely» para acompañar musicalmente a tan acertada forma de representar un desengaño juvenil —en general, toda la BSO está más que bien, incluyéndose temas de Paul Anka o Danny & The Juniors—.

Aun pensando más en conquistar Hollywood que otra cosa, el dúo Golan-Globus nunca se olvidó de la gallina de los huevos de oro del cine israelí: ocho serán las secuelas a las que dará origen Polo de limón. La última hasta el momento, Polo de limón 9: La fiesta continúa, se estrenó en el 2001, aunque carece del encanto del resto de la saga, entre otras cosas al estar interpretados los tres protagonistas por actores nuevos. De los originales tan solo Zachi Noy figura en el reparto, aunque con otro papel, debido sin duda a que su presencia es la más recordada y querida por los fans. De hecho, podemos encontrar a Huey en Sababa (1983), conocida en España como Los otros juegos de guerra —un título poco oportunista, ¿verdad?—, en realidad un spin off de Polo de limón 4 que sigue sus aventuras en el servicio militar junto al sargento Shemesh (Joseph Siloach) —que aquí fue llamado Ramírez—. Se trata de una película un tanto complicada de hallar en español, quizá más encontrable en portales de compra-venta de VHS que en cualquier otro lugar.

La fórmula estructural de sketches picantotes más historia de amor continuará en las secuelas, si bien se irán reduciendo los momentos románticos y dramáticos con cada nueva entrega. Las aspiraciones amorosas de Benji no resultarán tan interesantes como en la película inaugural y siempre se resolverán con un final feliz, mientras que Bobby y Huey cobrarán mayor protagonismo, sobre todo el segundo —con un rol más payasil—, y con ellos el humor será cada vez más cochino, pues son estos dos personajes los que llevan la voz cantante en las escenas de sexo, que siempre terminarán con Bobby logrando su objetivo y con Huey huyendo ante el peligro y rara vez consiguiendo algo. Aunque divertidas, estas situaciones terminan produciendo tedio por predecibles y repetitivas, aun siendo el reclamo principal de la película.

Eis am Stiel (1)

Ya bajo el sello de la Cannon, Golan y Globus probaron a exportar en tierras yanquis el modelo de Polo de limón encargando a Boaz Davidson la dirección de El último americano virgen (1982), remake casi calcado de la primera entrega de la saga —aunque también incorpore alguna que otra escena sacada de las secuelas—. El único cambio con respecto a la original es la ambientación, en este caso los EE. UU. en los años 80. El resto es prácticamente lo mismo. Como bien se cuenta en el documental Electric Bogaloo: La loca historia de Cannon Films, la película chocó con el público americano no tanto por su historia o sus temas, sino por ciertos aspectos culturales que hicieron que les resultase extraña e irreal a los espectadores. El hecho que corrobora este escaso interés por el film de Davidson es Porky’s, estrenada unos meses antes, y que posee a día de hoy una popularidad y status de culto mucho mayor. A pesar de todo, es un título tan divertido como el de Bob Clark y mantiene la esencia de la saga.

(Este texto fue publicado originariamente en el primer número del fanzine Obsesión continua).
Título: Polo de limón (T. Original: Eskimo Limon)
Año: 1978
Nacionalidad: Israel
Dirección: Boaz Davidson
Reparto: Yftach Katzur, Anat Atzmon, Jonathan Sagall, Zachi Noy, Dvora Kedar, Ophelia Shtruhl, Menashe Warshavsky, Rachel Steiner, Louis Rosenberg, Yehoshua Luff, Avi Hadash, Denise Bouzaglo

 

 

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