Poppers

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En estos tiempos que corren, tan nostálgicos con la década de los 80, no parece arriesgado desenterrar del olvido una película en la que el sintetizador marca el ritmo de su banda sonora. Aunque no es imposible encontrarla, Poppers (José María Castellví, 1984) se ha convertido casi en una desconocida a la que apenas se cita como clásico del cine bizarro Made in Spain.

Las reseñas que se encuentran buscando en Google son pocas o de escaso valor; tan solo una crítica escrita por Octavi Martí en la fecha de su estreno[1], a la cual se hará referencia a lo largo del texto, goza de interés –el resto de referencias suelen ser breves comentarios en foros en los que simplemente se habla de su rareza o rankings sobre títulos extraños de nuestro cine–. ¿Pero cuál es la razón de este olvido? Difícil saberlo. Lo primero que uno pensará es que se trata de una película mala, y no faltarían razones para estar de acuerdo con este argumento, pero su premisa es tan sumamente loca y absurda como para ser adorada por los fans de la caspa –sobre cosas peores se han gastado más ríos de tinta–: un joven queda en libertad de su condena por homicidio gracias al padre de la víctima, que lo saca de la cárcel para convertirlo en la presa de una cacería organizada por un grupo de personajes de gran poder pero con poco sentido de la moral. Aparte de esto, como se ha mencionado antes, conseguirla no es una tarea imposible y, para colmo, cuenta con un reparto conocido: Agustín González, Conrado San Martín, Alfredo Mayo o Manuel de Blas –cabe mencionar que fue el debut cinematográfico de Miguel Ortiz y de Giannina Facio, la futura pareja de Ridley Scott, vista en filmes como Gladiator, Hannibal o Prometheus-.

Pero dejemos de preguntarnos el porqué del olvido y viajemos a 1984, año en el que se estrenó Poppers[2] y en el que El País publica una crítica titulada “Zambombas y semáforos”. A pesar de excederse en spoilers, Octavi Martí da en el clavo señalando muchos de los elementos por los cuales la película fracasó, de entre los que cabe destacar el tono empleado por el director: “José Maria Castellví ha renunciado a rodar un remake con el malvado Zaroff y con el paródico doctor Fhibes poniendo humor donde mejor estaría la seriedad, y viceversa”. Quizá ese fuera el principal de sus muchos problemas; el espectador no llegaba a comprender si lo que estaban viendo era serio o cómico. Por un lado encontramos una historia de acción cafre y venganza, muy de su momento, cuyo fin es el puro disfrute; pero por otro, existe cierta mofa hacia las clases altas y su doble moral, representada por ricachones excéntricos adictos a todas las parafilias posibles –un mundo que Castellví debía conocer, ya que trabajó como fotógrafo para varios rostros conocidos de la farándula[3]–. Un ejemplo significativo de esa burla es una escena que funciona como una antítesis bastante simplona: un noticiario televisivo informa del fallecimiento de uno de estos poderosos retratándolo como un hombre honrado y ejemplar, una imagen que nada tiene que ver realidad, pues en realidad este personaje es asesinado por la presa a la que intentaba cazar.

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También está presente el tema de la delincuencia juvenil, que tan de moda estuvo en el cine español gracias a Eloy de la Iglesia –entre otros-; de hecho, muchos momentos de Poppers parecen estar inspirados, salvando las distancias, por la mano del cineasta guipuzcoano.

Aunque no solo el tono es desacertado. Su desarrollo debió dejar muchos porqués en el público. Sin pretender spoilear demasiado, por ejemplo, resulta inverosímil la facilidad con la que Santos (Miguel Ortiz) convence a Lola (Giannina Facio) para que lo ayude en su plan de venganza –sobre todo porque en un pispás pasa del “no te contaré nada” al “ahora te lo cuento todo”-. Este último personaje también genera otro porqué, en este caso referido con su inclusión, pues prácticamente no aporta nada a la trama. Su función, claramente gratuita, es la de calentar al público masculino heterosexual, cosa no muy complicada ante la nula presencia femenina y la estética filogay y sadomasoquista que luce la película –sin quitarle méritos al erotismo que desprende la actriz en algunas escenas–. Teniendo en cuenta esto, no parece descabellada la siguiente afirmación de Martí: “es un filme hecho para lanzar cinematográficamente a Gianina Facio y convertirla de heroína de las peluquerías en diva de la pantalla”. Probablemente la película ya estuviese escrita antes de que se planteara la presencia de la costariqueña, pero teniendo en cuenta que esta fue muy popular en la época[4] no extraña la importancia que se le da a su personaje, aunque se notase claramente que está puesta a dedo –buscando a un público que probablemente prefería verla en la portada del Interviú o del Hola antes que en una película como esta–.

Sea lo que fuere, ni público ni crítica conectaron con la película. Lo que no quita que, vista con los ojos actuales del fan de la marcianadas fílmicas, pueda ser disfrutable. Poppers funciona narrativamente como un videojuego, en el que la venganza se convierte en el objetivo de todos sus personajes, bien sea para huir de ella, bien para cometerla. Un disparate por el que se van sucediendo escenas de puro sadomasoquismo y promiscuidad –los personajes parecen excitarse ante la muerte–, adornado con una perspectiva voyerista y una estética postpunk –propia del Madrid de la Movida–, que lo convierten en un filme ideal para echarse unas risas en buena compañía.

[1] http://elpais.com/diario/1984/10/22/cultura/467247617_850215.html
[2] Respecto a las fechas y salas en las que se estrenó Poppers, en la web del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes aparecen: 15-10-1984 Madrid: Princesa, Roxy A, Montera, Velazquez, Vergara y  Windsor B; 18-10-1984 Barcelona: Pelayo, Waldorf, Aquitania, Bailen.
[3] No es complicado encontrar en referencias a su nombre en Internet que lo relacionan con Sara Montiel, Julio Iglesias, María José Cantudo o Javier Mariñas, entre otros.
[4] Gianinna Facio fue una habitual en las fiestas de las jet-set y su romance con Julio Iglesias ocupó portadas de la prensa rosa –de hecho, casualidades, Iglesias y Castellví trabajaron juntos en aquellos años y fueron muy amigos–. Días después del estreno de Poppers, fue detenida por la Guardia Civil en el aeropuerto de El Prat de Barcelona al intentar salir del país con un maletín que portaba 343000 pesetas, cantidad muy superior a la permitida –que por aquel entonces era de 50000 pesetas–:
http://elpais.com/diario/1984/10/26/ultima/467593202_850215.html
Título: Poppers
Año: 1984
Nacionalidad: España
Dirección: José María Castellví
Reparto: Giannina Facio, Miguel Ortiz, Agustín González, Conrado San Martín, Alfredo Mayo, Manuel de Blas, Luis Suárez, Andrés Mejuto, José Luis de Vilallonga 
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